¿Por qué
elegimos a uno y no a otro?
¿Qué
deseamos de una relación de pareja? ¿Por
qué elegimos a una persona en particular? ¿Qué
ocurre con nosotros, que cuando por fin logramos estar
con alguien no nos sentimos satisfechos? ¿Por
qué casi siempre, después de un tiempo,
pensamos en alejarnos de esa persona? ¿Qué
nos pasó para que el ser más querido
se convierta en el más odiado?
Este libro tiene como
objetivo, dar respuestas a estas múltiples
preguntas que nos hacemos a diario, y mostrar como
nuestras primeras experiencias infantiles inciden
en la elección de pareja, eligiendo determinadas
personas, solo algunas nos atraen otras no.
La elección
de pareja es inconsciente y cuando alguien nos atrae
es por que tenemos la sensación que va a satisfacer
nuestras propias necesidades emocionales, que no fueron
cubiertas en la infancia.
Hay que hacer concientes
nuestras heridas, encontrarnos con nuestro niño
interior, este es el primer paso hacia el crecimiento.
El modelo aprendido,
ese que nos legaron nuestros padres, lo seguiremos
repitiendo, junto con las estrategias que usábamos
para responderles, y esta conducta infantil la reproducimos
en los vínculos que entablamos.
Por su parte, nuestra
pareja repetir sus propios modelos y estrategias,
y no será sino cuando los identifiquemos con
claridad que podremos, desde la posición de
adultos, modificarlos, sustituirlos o ignorarlos.
¿Por qué
con este sí... con esta no...? a quién
y por qué elijo como pareja.?Y no otra, nos
permitir? tener las claves para la comprensión
de nuestras elecciones y vínculos.
Las relaciones íntimas
nos enfrentan con nosotros mismos y con los demás.
Con el conocimiento de nuestra historia dejaremos
de depositar en el otro, y demandar del otro, la solución
a los aspectos no resueltos de nuestra vida.
Para eso debemos Sanar
Nuestro Niño Interior, tomarlo de la mano,
encontrarlo y descubrir como nuestros conflictos de
hoy día son versiones actualizadas de un pasado
del cual aún conservamos heridas sin cicatrizar.
H. Hendrix nos aclara:
Las necesidades insatisfechas de la infancia son las
que nos amenazan, y sin darnos cuenta presentamos
nuestras heridas a las otras personas con las que
entablamos relaciones intimas, esperando que estas
reparen el daño creado por una educación
deficiente
Uno de los vínculos
donde más claramente se presenta esta conducta,
por el grado de estrecha intimidad que supone, es
la relación de pareja.
Este niño,
presente en nuestros vínculos adultos, manifiesta
una insaciable sed de amor, atención, afecto.
Nos volvemos demandantes y saboteamos lo que nos dan,
debido a nuestra confusión no logramos separar
nuestro mundo interno de la realidad exterior.
Necesitamos ser concientes
de nuestras reacciones vinculares para terminar con
la frustración y posibilitar los cambios.
Cuanto más
claro sea para nosotros el origen de nuestras reacciones,
más posibilidades tendremos de mejorar la calidad
de los vínculos.
Si entiendo por qué
una determinada conducta de mi pareja me molesta,
podré, desde el adulto que hoy soy, poner límites
a esta manera de actuar y explicar la causa de mi
intolerancia.
Para mantener una
relación de a dos se hacen imprescindibles
el conocimiento de si, el conocimiento del otro, el
dialogo y la negociación.
Mientras permanezcamos
ignorantes de la dinámica que inconscientemente
hemos establecido, reaccionaremos ante nuestra pareja
con las mismas estrategias que usábamos de
niños. Así golpearemos puertas, romperemos
platos, nos enojaremos fácilmente, lloraremos,
nos callaremos. Pero no seremos capaces de dialogar
sobre nuestro dolor, de reconocerlo y sacarlo a la
luz.
No expresamos lo que
sentimos, no expresamos lo que necesitamos.
Nos decimos ¡mejor
me callo así no se enoja!. Esperamos que el
otro adivine nuestras necesidades y no las mostramos
por temor que el otro se burle, simulamos que no necesitamos
nada.
Mantenernos desconectados
del sufrimiento y la frustración que experimentamos
tan sólo nos lleva a perpetuar el dolor.
Cuando somos concientes
de por que peleamos con nuestra pareja, por que nos
sentimos desdichados, insatisfechos, defraudados,
comenzamos a comprender cómo se generan las
conductas que conducen al fracaso. Comprenderlo da
la oportunidad de abordar y cambiar estas situaciones.
Mi historia condiciona
mi libertad para elegir:
- Busco lo que no
recibí de niño
- Doy lo que recibí
de niño
- Si no recibí
nada, pido todo del otro
- Demando todo y no
doy nada
Vivimos demandando
a nuestra pareja que nos de lo que nos falta. El otro
no puede solucionar lo que no tenemos resuelto.
La calidad del vinculo
con nuestra pareja esta íntimamente relacionado
con las primeras experiencias infantiles, con las
vivencias de nuestro niño interior, con sus
carencias aquello que deseábamos que nuestros
padres nos den y nunca nos atrevimos a pedir. Cuando
comprendemos que estos reclamos que les hacemos a
la pareja son problemas no resueltos en nuestra propia
infancia, seremos capaces de aceptar que nuestra pareja
pueda no satisfacerlos.
Si tuvimos padres
distantes y fríos, inaccesibles, esto nos lleva
a que no nos sintamos merecedores de amar. Nos volvemos
distantes por miedo a que nos abandonen.
Si tuvimos padres
muy controladores e invasores, la persona teme que
la pareja lo invada, lo controle, lo sofoque.
Uno se acerca y el
otro se aleja.
A medida que la relación
con el otro avanza se comienza a intimar, y en esta
intimidad recién inaugurada enfrentamos cuestiones
fundamentales de la existencia humana: las influencias
de nuestra historia familiar que inciden en nuestra
conducta, la dinámica de nuestra personalidad,
los interrogantes sobre quienes somos, qué
buscamos, qué somos capaces de dar, cómo
comunicarnos, cómo manejar nuestros sentimientos,
cómo permitir que el amor fluya a través
nuestro, cómo comprometernos, cómo entregarnos,
Cuando profundizamos
en una relación, se exacerba nuestra necesidad
de entender estas cuestiones básicas y nos
vemos obligados a explorar con más profundidad
dentro de nosotros mismos.
No hay recetas para
lograr buenas relaciones, pero es imprescindible ahondar
en el conocimiento de uno mismo. Es la única
vía para comprendernos mejor, comprender al
otro y comprendernos nosotros en función del
otro.
Si estamos seguros
de nosotros, tendremos muchas más oportunidades
de brindar y recibir amor.
Traigo a colación
las hermosas palabras de Osho:
Sin amor, el hombre
puede ser rico, tener salud, ser famoso, pero no puede
ser cuerdo, porque no conoce nada de sus valores intrínsecos...
El amor es la fuerza curativa más grande de
la vida. Aquellos que viven sin amor se sienten vacíos,
huecos; vivir junto a otro proporciona encanto a tu
vida.